Mientras los ciberataques se multiplican en América Latina, Costa Rica figura como el cuarto país menos ciberseguro del mundo, según el más reciente ranking internacional de ProxyRack.
Y es que este estudio sitúa al país sólo superior a naciones como Panamá, Bielorrusia y Chile, con una puntuación de riesgo cibernético de 3.98, determinada por alta exposición al cibercrimen, baja capacidad de respuesta y desarrollo digital aún incipiente.
Este panorama se suma al histórico ataque de ransomware sufrido por nuestra nación en 2022, considerado uno de los más graves en la región.
Esta posición no es solo alarmante, sino que es un llamado urgente a actuar y proteger la infraestructura digital del país, porque más que una tendencia, la ciberseguridad es hoy una prioridad nacional.
A nivel regional, más del 44 % de los ataques digitales se dan por phishing y el 20 % por ransomware, según datos de Advice Group Latam, mientras que los expertos globales estiman que se registran más de 2 200 ataques cibernéticos diarios en el mundo, uno cada 39 segundos.
En este escenario, tenemos que reconocer que el país cuenta con un déficit de profesionales en ciberseguridad, una brecha crítica para el presente y el futuro.
Costa Rica y su población están constantemente expuestos a diversos tipos de ciberataques que ponen en riesgo la seguridad de sus datos personales, institucionales y empresariales.
Entre los más comunes se encuentran los ataques de ransomware, en los que los delincuentes secuestran información sensible y exigen un rescate para liberarla, como ocurrió con instituciones públicas en 2022.
También son frecuentes el phishing, que engaña a los usuarios mediante correos o mensajes falsos para obtener contraseñas o datos bancarios; el robo de identidad digital; la suplantación de sitios web oficiales (spoofing); los accesos no autorizados a redes (hacking) y los ataques de denegación de servicio (DDoS), que buscan colapsar sistemas o páginas web.
Esta creciente amenaza exige mayor preparación profesional en ciberseguridad, tanto en el sector público como en el privado.
“Lamentablemente, ya no somos solo un paraíso turístico, sino un paraíso para hackers. Necesitamos urgentemente transformarnos en una fortaleza digital y eso comienza con la educación a la población general y creando un ejército de profesionales en seguridad informática”, advirtió Wilberth Molina, decano de Ciencias de la Computación de Universidad Fidélitas.




