25 de julio de 2021

Empoderar la educación futura

Incluso antes de que comenzara la COVID-19, había una percepción creciente de que la educación tradicional ya no era adecuada para su propósito, si aceptamos que uno de los propósitos clave de la educación es equipar a los alumnos con las habilidades que necesitan para prosperar y sobrevivir en sus vidas más allá del colegio.

La COVID-19 ha acelerado muchas tendencias que estaban latentes antes, y ha dejado aún más claro cuán obsoletos e irrelevantes se han vuelto algunos aspectos (¡pero de ninguna manera todos los aspectos!) de la educación tradicional.

Estas tendencias aceleradas e impulsores del cambio a veces se denominan la cuarta revolución industrial, pero, sin importar cómo los llamemos, involucran una variedad de factores interconectados: tecnología, demografía, clima, movilidad internacional y justicia/equidad social, por nombrar solo un puñado.

En pocas palabras, estas transformaciones globales que enfrentan los alumnos de hoy, así como todos los demás, están dando forma a un futuro que es desconocido, fluctuante e impredecible.

Pero a la mayoría de los alumnos de hoy se les enseña a afrontar este futuro con metodologías de siglos anteriores.

Entonces, ¿cómo puede la educación preparar a los alumnos para un mundo así?

Más que nada, los alumnos necesitan el conocimiento, las habilidades y las actitudes que los ayudarán a resolver desafíos conocidos y desconocidos. Además del conocimiento académico, necesitan competencias más amplias, como el trabajo en equipo, el pensamiento crítico, la conciencia social y global, y las habilidades de gestión del tiempo y de la vida, atributos que no se enseñan en la educación tradicional.

Pero estos atributos y competencias se pueden enseñar a los alumnos de todas las edades. En mi propia organización, el Bachillerato Internacional, nuestros planes de estudio están diseñados para impartirlos a todos nuestros alumnos, y estamos encantados de ver un enfoque similar en muchos aspectos de la nueva política educativa en América Latina.

El pensamiento crítico, la capacidad de pensar de forma independiente y proactiva es esencial: ayuda a los alumnos a convertirse en aprendices de por vida. Se puede estimular con una pedagogía de aprendizaje que sea transdisciplinaria e interdisciplinaria.

El aprendizaje basado en la investigación y los conceptos está en el corazón mismo de nuestra pedagogía, porque anima a los alumnos a ser curiosos, a identificar ideas y soluciones creativas, a hacer conexiones entre conceptos y a practicar el pensamiento sistémico.

La agencia estudiantil (voz, elección y propiedad) también es clave para alentar y formar a pensadores críticos motivados.

Un marco educativo, en lugar de planes de estudios prescriptivos y de memoria, ofrece tanto a los profesores como a los alumnos la agencia para explorar y profundizar las áreas de estudio y los intereses pertinentes para ellos y sus contextos.

La agencia docente es importante: los docentes que están motivados y son capaces de dar forma a su práctica docente dentro de ese marco transfieren su entusiasmo y compromiso con el aprendizaje a sus alumnos y pueden acomodar mejor su práctica a las diferentes aptitudes e intereses de sus clases.

En este sentido, la nueva estructura de grupos de edad es un enfoque bienvenido para abordar las etapas de desarrollo únicas de los alumnos de 3 a 18 años. Los años de la adolescencia, por ejemplo, ven muchos cambios neurológicos, y los planes de estudios deben interactuar con cada etapa del desarrollo de manera diferente para abordar adecuadamente las necesidades pertinentes del desarrollo y nutrir el bienestar de los alumnos.

También compartimos el mayor énfasis de la nueva política educativa en el aprendizaje profesional. La nueva tecnología abre muchas más vías para que los alumnos adquieran las habilidades necesarias para la profesión que desean.

Creemos que una combinación de rigor académico y estudios del mundo real relacionados con la carrera les brindará habilidades transferibles y de por vida en conocimiento aplicado, pensamiento crítico, comunicación, cooperación, trabajo en equipo y participación intercultural, cualidades que son muy bien recibidas por los empleadores potenciales.

La evaluación holística y variada, en lugar del examen tradicional escrito a mano, también contribuye a mejores resultados de aprendizaje. La evaluación electrónica innovadora, los trabajos de clase, los proyectos personales, la Monografía, todos pueden ayudar a medir la capacidad de los alumnos para transferir el aprendizaje, aumentar la alfabetización digital y profundizar la comprensión conceptual.

Otro aspecto esencial, que parece obvio pero a menudo se subestima: el éxito de cualquier forma de educación depende de los profesores. Los docentes necesitan ser nutridos y desarrollados tanto como los alumnos. Los profesores siempre han sido resistentes y adaptables, pero con demasiada frecuencia están atrapados en un sistema rígido de requisitos curriculares.

El confinamiento, en diferentes países, este último año ha puesto de relieve la adaptabilidad, creatividad y compromiso tanto de profesores como de alumnos, y debemos seguir apoyando las nuevas formas de aprendizaje y enseñanza que se han iniciado durante este período.

En lugar de temer la pérdida de aprendizaje, los padres, los colegios y los ministerios de educación por igual deberían reflexionar y centrarse en fomentar un cambio significativo, apoyar el bienestar de los docentes y alumnos y alentar la agencia de ambos.

De esta manera, podremos crear un mundo en el que tantos alumnos como sea posible, sin importar su origen étnico o social, puedan beneficiarse de una educación que sea verdaderamente adecuada para su propósito: educación (como decimos en el Bachillerato Internacional) para un mundo mejor.

Por Nicole Bien, Directora de la División de Aprendizaje y Enseñanza de Bachillerato Internacional (IB)

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