6 de febrero de 2023

Madres que lidian contra adversidades para buscar un futuro mejor para ellas y sus hijos

Es muy común escuchar de mujeres que abandonan sus estudios por causa de la maternidad.

Sin embargo, a continuación, podrá conocer casos inspiradores de mujeres que eligieron desafiar las barreras sociales, económicas, laborales, de edad, culpabilidad y tomaron la decisión de combinar su papel de madres trabajadoras, con el de universitarias.

Catherine Vargas, de 34 años se describe como una muy feliz madre soltera de 3 hijos que son su mayor orgullo: Shermeynne tiene 16, Paola 13 y Dieguito 11. Durante muchos años se ha desempeñado como oficial de seguridad privada trabajando más de 16 horas al día. 

“Por malas decisiones, desde muy joven me fui de mi casa, con solo un título de primaria aprobado. Para serles honesta, siempre pensé que el estudio no era para mí. Sufría de violencia en casa y me hicieron creer durante años que no servía para nada”, comentó Catherine.

“Recuerdo cuando yo llegué aquí a San José: fue con una bebé de un año, con solo ₵30.000 en la bolsa y una caja con ropa y sin tener a dónde ir. Fue muy difícil, muy duro. Yo limpiaba casas, planchaba, era muy difícil”, agrega con la voz entrecortada.

De esos ₵30.000, invirtió ₵25.000 en un cuarto y a partir de ahí comenzó un largo camino para salir adelante y cambiar su destino.

Al llegar a sus 25 años, después de perder a su madre en un mal intento de trasplante de hígado, terminó por sentirse sola (pues ya no contaba con el valioso apoyo de su mamá).  “Fue así como tomé la decisión de tratar de concluir mis estudios de secundaria de la forma que fuera posible y empecé matriculando de dos a tres materias, debido a mis pesadas jornadas laborales a las que me debía someter para darles una vida digna a mis hijos”. Cuenta que faltando poco para llegar a noveno año, tuvo que volver a posponer sus estudios, porque el dinero no le alcanzaba para tanto, a pesar de las largas jornadas.

Sin embargo, llegaron sus 30 años de edad, trabajaba extenuantes jornadas todos los días sin descanso, sometida a malos tratos y tratando de redondear sus ingresos con trabajos extras de seguridad en eventos masivos y bares. “Les juro que había días en que solo quería llorar pensando en por qué todo era tan difícil para mí.  No tenía derecho a enfermarme porque me venía menos salario, pero aún enferma trabajaba”.

Esa desmotivación y angustia, lejos de hundirla, fue la que la motivó a matricularse en un instituto para sacar la secundaria. «Asistía a clases todos los días después del trabajo, muchas veces con hambre o enferma. «Nunca voy a olvidar el momento cuando recibí una llamada, trabajando en medio partido de fútbol, para informarme que había pasado la materia que me faltaba y no pude evitar el explosivamente llorar de felicidad, mientras los fanáticos a mi alrededor me consolaban sin saber de qué se trataba” recordó Vargas.

Finalmente, ya con el noveno año aprobado, Catherine se empoderó y matriculó el bloque completo de bachillerato por madurez, mismo que logró obtener trabajando día y noche, estudiando a cómo podía, haciendo grabaciones de la materia con su voz para poder escucharla disimuladamente mientras estaba de pie en una aguja de vigilancia durante 8 horas continuas o en la puerta de un bar con un audífono camuflado hasta las 3 am y también aprovechaba y repasaba sus apuntes y los libros cada vez que podía.

Actualmente tiene año y cuatro meses de cursar en la universidad la carrera de Administración de Negocios. «Mis notas han sido muy buenas y me siento orgullosa de mí …Tengo plena convicción de las puertas que se me van a abrir en adelante”

Actualmente trabaja en el departamento de Seguridad Integral en el Tribunal Supremo de Elecciones.  Sueña y se emociona con solo imaginar el momento de su recorrido con el birrete y la toga el día de su graduación, donde está segura del llanto de felicidad que brotará irremediablemente y espera estar acompañada por sus hijos.

“La falta de tiempo es solo una excusa”

Lindsay Corea Aguilar es actualmente una estudiante universitaria que ha pasado por momentos muy duros, pero, a pesar de que siempre pensó que era mala para los cálculos, hoy, a sus 32 años, cursa el segundo año de ingeniería industrial con la que descubrió que los cálculos le resultaron más bien fáciles

Ella se casó a los 23 años mientras estaba terminando sus estudios en imagenología (imágenes médicas). Lamentablemente, en su primer embarazo estuvo expuesta a radiación, situación que provocó una seria malformación en el corazón del bebé, que no llegó a término y eso la hizo reflexionar entre si quería seguir siendo imagenóloga o tener familia, aseguró Lindsay.

“Hoy soy madre de Isabella de 7 y Luciana de 4.  Gracias al título de Salud Ocupacional que obtuve en el INA trabajo para una empresa. Como mi esposo es egresado de Ingeniería Electromecánica me motivó también a buscar una carrera y escogí Ingeniería Industrial, ya que el plan tenía afinidades con salud ocupacional y con la empresa donde trabajo”, agregó la futura ingeniera.

“Descubrí que el tiempo es solo una excusa, porque al final el mantenerme activa con muchas actividades me ha llevado a estructurarme y administrar cada minuto para organizar las responsabilidades asumidas: soy esposa, madre, maestra debido a la pandemia, trabajo de lunes a viernes, llevo cuatro materias en la universidad, estudio inglés, y aun así, tengo tiempo para mí, hago ejercicio con la convicción de: “madre sana, hijas sanas”

No sé si mi historia sea la más inspiradora, pero a mis 32 años y casada he logrado más de lo que hice soltera y sin familia. Estoy convencida que todos mis logros los he alcanzado no solo por mí, sino por mis hijas. Soy ejemplo para que ellas aprendan que nunca es tarde para alcanzar metas”.

El futuro que espero con ansias

«Sé que hay personas que piensan que no se puede ser madre, trabajar y estudiar al mismo tiempo. No es nada fácil, sin embargo, cuando se quiere, se puede». Así lo aseguró Alejandra Pérez Jarquín, quien es madre, ama de casa y estudia la carrera universitaria de Ingeniería de Telecomunicaciones.

“Tomé la decisión de trabajar y estudiar al mismo tiempo porque busco un mejor futuro para mí y para mi hijo de cinco años”, comentó Pérez.  Es un reto bastante grande porque, además de mi trabajo, me toca dedicar tiempo a mis estudios, trabajos de la U, a mi hijo con sus tareas, ser una maestra en casa, sacar tiempo para divertirnos y hacer actividades recreativas, aspectos que, gracias al teletrabajo y a las clases virtuales, se me han hecho un poco más fáciles y me permite estar 24/7 con mi hijo”.

“Me siento orgullosa de lo que he logrado en mi vida, como madre, como esposa, como estudiante y como trabajadora de una empresa de telecomunicaciones y, por más difícil que sea el camino, quiero seguir adelante para buscar mi crecimiento y convertirme en una excelente ingeniera de telecomunicaciones”.

emilio.chavarria@revistamqe.com

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